De la mar y de la tierra conquistadores: Recia raza que rechaza lo que se le opone, La sangre derramó para que el honor abone El mundo pretérito y los futuros generadores.
Así te hizo Dios, España, Madre de Señores, Para que toda estirpe a Dios acate y corone: Con verbo dúctil o con la espada que impone Hoy te invocamos ante tumbas con fulgores.
Repletos de asco por el veneno que cunde Por tus venas, por tus almas, por tus calles... Nos conjuramos a crecer en furores centrales:
Desde los invisibles fondos donde se hunde La raíz de la sangre, a través de los valles Y en la cima montañesa, aras eres ancestrales.
¡Oh, vate de Orihuela! Que tus rotundos versos me inspiren para cantar al toro bravo de España, al animal de piedra y bronce que tú cantaste, con talante de arrullo de pastor y guerrero indomable.
¡Hijo del Mediterráneo con sabor de interior! Tu talento invoco en estas aciagas horas, en este amargo trance ante el dizque animalismo, que con dineros propios y ajenos se expande.
¡Poeta del sino sangriento y de las nanas de la cebolla! El toro de lidia ha de salvarse. Ha de acudir a su historia, a su esencia. Ha de acudir a quien lo valoró a través de versos. Trueno y torbellino es su figura rampante.
¡Rayo que no cesa! Ha de erguirse tu nombre junto a la maravilla de nuestro atavismo. La esgrima vibra por el legado de tus palabras. Hay que revolverse. La naturaleza nos llama a un ibérico alarde.
¡Poeta de los vientos del pueblo! Yo quisiera tener la musculosa soberbia del lomo del toro. Yo quisiera tener ese arranque, ese riesgo, esa certeza defensiva y ofensiva inabarcable.
¡Bardo del toro bravo de España! Dame cada rincón de la fuerza de los campos que recorriste. Dime cómo ha de cantar el viento. Dime cómo se rebelan los terrones. ¡Dime cómo la garganta ruge con ferocidad amable!
¡Oh, Miguel Hernández, yo siento que me sobra el corazón! Y como el toro, quiero tirar para adelante siendo libre, y pelear hasta morir. ¡Inspírame siempre, maestro, con son de falkata! ¡Sea cada palabra un ibérico sable!
ESCUELA DE AVISADOS Sueña la moza, entra harpía y vana, Que su lozanía durará toda la vida, Mas rauda vejez le gana la partida Y torna en añeja su vagina lozana.
Hizo de necia sin ser virginal Ana, Juró Eloísa las promesas que olvida, Huyó Inés y, a la postre, terminó cogida Y fingió ser santa la puta más liviana.
Esta linda cara que hoy ves es jeta En la que hasta los ojos son mentira: Que, en vez de ver mundo, ella se mira.
Y, al fin, fue el sino de toda coqueta Fementir la amistad que pronto la retira: Pues ni con sus primores ella expira.
A la luz alba que regresa Por la raya que define La lontananza tan presa Sin borde que la esquine.
Rompe y se asoma por levante: En senos de lumbre retornan Tropeles de luz adelante Que las sombras entornan.
El sol formidable avanza Devorando el nocturno manto, Con sus flechas y su lanza Rompe la noche y su encanto.
Señalan las olas solares Las formas de sólida hechura Que la noche y sus telares Liquidaron en su anchura.
Las vanguardias matinales Bordean los frutos mundanos, Y los astros aquí terminales Seguirán alumbrando lejanos.
Como un grimorio es la vida: Oculta la noche con sigilo Las mil formas mundanales, Todas envueltas en negro hilo. Y a toda hora, en cada momento Somos y estamos siempre en vilo Y se nos encubre el firmamento.
Solo en nuestra sidérea alma, Como un espejo bruñido, Reverbera a veces y en tramos La luz sin fin que invocamos Desde los profundos del abismo.
El "Cantor del Bosque Alemán", así es conocido Eichendorff en el ámbito de la lengua alemana. Nació Joseph Karl Benedikt Barón von Eichendorff en el castillo de Lubowitz (Alta Silesia) el 10 de marzo de 1788, en el seno de una familia de alta alcurnia: su padre era un oficial prusiano al servicio del príncipe Adolf Theodor Rudolf y la madre de nuestro poeta era la Princesa Karoline von Kloch.
Frecuentó los círculos románticos alemanes que bullían durante el siglo XIX en tertulias, revistas, grupos más o menos públicos, empeñados en revivir las tradiciones germánicas frente a la agresión de la revolución liberal que había inundado Europa de sangre, al paso de las tropas napoleónicas: Eichendorff combatió a las hordas napoleónicas como oficial del ejército prusiano. Eichendorff fue amigo de Joseph von Görres, el gran estudioso de la mística, autor de "Die Christliche Mystik" (todavía sin traducir al castellano), de Achim von Arnim y del gran lírico Clemens von Brentano, también amanuense de la mística y visionaria Ana Catalina Emmerick. En Viena, Eichendorff colaboró con el círculo de los hermanos Schlegel.
Autor de novelas, teatro, relatos (como "La estatua de mármol") y de una dilatada obra lírica, el Barón von Eichendorff falleció en Neisse, el 26 de noviembre de 1857.
A LA NOCHE YA MURMURA EL BOSQUE
Traducción del alemán al castellano:
Manuel Fernández Espinosa
A la noche ya murmura el bosque
Desde los fundamentos más hondos
Allí deberá el Señor luego, pronto
Encender los luceros.
Cuán silenciosas las gargantas están,
A la noche sólo murmura el bosque.
Todo va a su descanso,
El bosque y el mundo se desvanecen,
Temblando, pone oído el caminante
Que de su casa está anhelante.
Aquí en el apacible cobijo de la floresta,
Corazón, tú también al fin te vas a descansar.
ABENDLICH SCHON RAUSCHT DER WALD
Abendlich schon rauscht der Wald
Aus den tiefsten Gründen,
Droben wird der Herr nun bald
An die Sternlein zünden.
Wie so stille in den Schlünden,
Abendlich nur rauscht der Wald.
Alles geht zu seiner Ruh.
Wald und Welt verbrausen,
Schauernd hört der Wandrer zu,
Sehnt sich tief nach Hause.
Hier in Waldes grüner Klause,
Herz, geh endlich auch zur Ruh.
Aprovechamos para invitar a escuchar esta pieza del grupo alemán Orplid, inspirada en este bello poema del más puro romanticismo alemán.